
Ven. Téjeme suavemente en Tu telar dorado,
Con suaves, suaves rayos de luz alborada.
Hilos de oro y plata trae,
Y rayos de luna tejido con el manto de la noche,
Para ligar las desgarradas y rotas hebras
Que mi corazón, otrora, con dedos sangrantes tejió
Sobre el bastidor del sufrimiento,
Entre la urdimbre y la trama del amor.
Aún cuando con dorada y bella verba
Escrita sobre las páginas de mi corazón
Loe Tus almibarados labios y fragante pelo,
No obstante, mi arte todo, jamás desgarrar podría
Los enceguecedores velos de la prolación.
Aún cuando con maravilloso canto entone
Alabanzas de ese amante Amigo,
Ésas paginas ningún verso mío llevarán
Y ver sólo podrás, si tan sólo miras
La huella de Su evanescente Pluma.