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martes, 8 de marzo de 2011

Un Poema de Táhirih


Ven. Téjeme suavemente en Tu telar dorado,

Con suaves, suaves rayos de luz alborada.

Hilos de oro y plata trae,

Y rayos de luna tejido con el manto de la noche,

Para ligar las desgarradas y rotas hebras

Que mi corazón, otrora, con dedos sangrantes tejió

Sobre el bastidor del sufrimiento,

Entre la urdimbre y la trama del amor.

Aún cuando con dorada y bella verba

Escrita sobre las páginas de mi corazón

Loe Tus almibarados labios y fragante pelo,

No obstante, mi arte todo, jamás desgarrar podría

Los enceguecedores velos de la prolación.

Aún cuando con maravilloso canto entone

Alabanzas de ese amante Amigo,

Ésas paginas ningún verso mío llevarán

Y ver sólo podrás, si tan sólo miras

La huella de Su evanescente Pluma.

lunes, 11 de enero de 2010

He vuelto esta noche de Adelabad...


Poema escrito por Zarrín Muqímí, en 1982. Un año antes de ser ejecutada, junto con otras 9 mujeres, por el crimen de educar a niños... y ser bahá'ís.

He vuelto de Adelabad esta noche.
¿Qué puedo escribir, cómo puedo describir ese lugar?
¿En qué lengua puedo explicar la clase de mundo que es?
¿Qué palabras pueden explicar lo que yo contemplé con ojos humildes y terrenales?
¿Dulce visión, o amarga realidad?
Abro y cierro mis ojos para ver...

He vuelto esta noche de Adelabad,
la morada de los amantes desprendidos,
de las mariposas que arden en la llama del amor de Dios.
Entre esos gruesos e imponentes muros,
están encadenadas almas más fuertes que los muros.
Si pudiera preguntarle a esos muros: "¿Qué habéis visto?
¡Contádmelo! Habladme de los susurros del amor,
y del murmullo de las oraciones que atraviesan los barrotes de hierro
flotando en el aire a la hora del alba,
de lágrimas que lentamente resbalan por las mejillas...".

He vuelto de Adelabad esta noche,
he vuelto de la tierra de los enamorados,
de la tierra de los amantes afligidos,
invitados al banquete de la tribulación.
¡Preguntadme que he visto!
Preguntadme para que yo os cuente que he visto
la llama ardiente de la fe en los ojos de aquel amante intoxicado;
le vi con la cabeza alta, le oí proclamar exultante:
"¡Mirad, por fin logré el deseo de mi corazón!".

He vuelto esta noche de Adelabad,
la morada de los Majnunes a punto para la cosecha
y de los amantes que miran fijamente al rostro del Bienamado.
He vuelto del límite entre la vida y la eternidad,
entre el universo de polvo y el mundo del Reino.
Y tú, oh caminante, si algún día aciertas a pasar por ese lugar,
detente por un momento,
fija tu mirada en esos altos muros de piedra,
mira esas puertas de hierro;
luego, cierra los ojos y escucha con los latidos del espíritu,
para que por ventura puedas tú también escuchar
el murmullo que se eleva de cada piedra:
"¡Este es el Valle del Amor, detén tus pasos!".