martes, 11 de mayo de 2010

Irán: encarcelados arbitrariamente desde dos años por practicar la religión bahá’í.


Sobre los “Prejuicios Religiosos” -
Las religiones divinas deben ser la causa de unión entre los hombres, y el instrumento de amor y unidad; deben promulgar la paz universal, liberar al hombre de todo prejuicio, conferir alegría y felicidad, practicar la bondad hacia todos los hombres, y suprimir toda diferencia y distinción.
Tal como dice Bahá'u'lláh dirigiéndose al mundo de la humanidad: "¡OH pueblo! Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama".
Vosotros quienes sois siervos de la raza humana, esforzaos con todo vuestro corazón por rescatar a la humanidad de esta oscuridad y de estos prejuicios, los cuales pertenecen a la condición humana y al mundo de la naturaleza, para que la humanidad encuentre el camino hacia la luz del mundo de Dios (Abdul-Bahá, Selección de los escritos).

Para que podamos ver claramente cómo puede establecerse la Más Grande Paz, examinaremos primero las principales causas que en el pasado han provocado guerras, y veamos cómo Bahá'u'lláh propone tratar cada una de ellas.

Una de las más prolíficas causas de guerra han sido los prejuicios religiosos. Con respecto a este punto, las enseñanzas bahá'ís muestran claramente que la enemistad y conflicto entre los adeptos de las diferentes religiones y sectas han sido siempre causados, no por la verdadera religión, sino por la falta de ella, y por su sustitución por falsos prejuicios, imitaciones y falsedades.

En uno de Sus discursos en París, 'Abdu'l-Bahá dijo:

La religión debe unir todos los corazones para borrar de la faz de la tierra las guerras y las disputas, dar nacimiento a la espiritualidad, confiriendo vida y luz a cada corazón. Si la religión se convierte en causa de aversión, odio y división, sería mejor no tener ninguna, y separarse de tal religión sería un verdadero acto religioso. Pues es claro que el propósito de una medicina es curar, pero si la medicina sólo sirve para agravar la enfermedad, mejor es no usarla. Cualquier religión que no sea causa de amor y unidad no puede ser religión.

De nuevo repite:

Desde el comienzo de la historia de la humanidad hasta nuestros días, varias religiones del mundo se han anatematizado entre sí y se han acusado unas a otras de falsedad. Se han despreciado entre ellas severamente, ejerciendo mutua aversión y rencor. Consideremos la historia de las guerras religiosas. Una de las mayores de ellas, la de las Cruzadas, se extendió durante un período de doscientos años. Algunas veces los cruzados eran los victoriosos, matando, saqueando y haciendo cautivos a los musulmanes; otras veces los musulmanes eran los victoriosos, infligiendo, en su turno, matanzas y ruina sobre los invasores.

Así continuaron durante dos siglos, alternativamente luchando con furia o cediendo en su debilidad hasta que los religiosos europeos se retiraron del Oriente, dejando tras de ellos las cenizas de la desolación y encontrando sus propios países en una condición de turbulencia y rebelión. Y ésta fue solamente una de las "Guerras Santas".

Las guerras religiosas han sido muchas. Novecientos mil mártires de la causa protestante fue el precio del conflicto entre esta secta del cristianismo y los católicos. ¡Cuántos se consumieron en las prisiones! ¡Qué despiadado el tratamiento a los cautivos! ¡Y todo en nombre de la religión!

Los cristianos y los musulmanes consideraban a los judíos como satánicos y como enemigos de Dios. Por lo tanto, los maldijeron y persiguieron. Gran número de judíos fueron muertos, sus casas incendiadas y saqueadas, sus hijos llevados al cautiverio. Los judíos por su parte consideraban a los cristianos como infieles y a los musulmanes como enemigos y destructores de las leyes de Moisés; por lo tanto, clamaban venganza contra ellos y los maldicen aún hoy día.

Cuando la luz de Bahá'u'lláh apareció en el Oriente, Él proclamó la promesa de la unidad de la humanidad. Se dirigió a todo el género humano diciendo: "Vosotros todos sois frutos de un solo árbol. No hay dos árboles, uno de la divina misericordia y otro de Satanás". Debemos, pues, tener el más grande amor los unos por los otros. No debemos considerar a ningún grupo como la gente de Satanás, sino considerar a todos como siervos de un solo Dios. A lo sumo es esto: algunos no saben y deben ser guiados y enseñados. Otros son ignorantes y deben ser informados. Algunos son como niños y deben ser ayudados para que alcancen madurez. Otros están dolientes, su condición moral es mala, y éstos deben ser tratados hasta que su moral sea purificada. Pero el hombre enfermo no debe ser odiado a causa de su enfermedad; el niño no debe ser apartado porque es un niño; el ignorante no debe ser despreciado por su falta de conocimiento. Todos deben ser curados, educados y ayudados con amor. Debe hacerse todo con el objeto de que la humanidad entera viva bajo la sombra de Dios, en la más grande seguridad, en la más elevada felicidad.

Cuando la religión ha sido fiel al espíritu y al ejemplo de las Figuras trascendentales que dieron al mundo los grandes sistemas de creencias, ha despertado en pueblos enteros las capacidades de amar, de perdonar y de crear al tiempo que los ha impulsado a mostrar arrojo, a superar los prejuicios, a sacrificarse por el bien común y a disciplinar los impulsos del instinto animal. Es incuestionable que la fuerza seminal en la civilización del ser humano la ha aportado la sucesión de estas Manifestaciones de lo Divino y que esta fuerza se remonta al alba de la historia. (Casa universal de justicia, a las autoridades religiosas del mundo).

No pasa un solo día sin que aumente el peligro de que las hogueras del prejuicio religioso prendan una conflagración mundial de consecuencias inimaginables. Las autoridades civiles no pueden, por si solas, conjurar semejante riesgo. Tampoco deberíamos engañarnos creyendo que los llamamientos a la tolerancia mutua puedan extinguir por si solos animosidades que se arrogan el refrendo Divino. La crisis exige de los dirigentes religiosos una ruptura con el pasado tan resuelta como las que permitieron que la sociedad se zafase de los prejuicios igualmente corrosivos de raza, genero y nación. Toda justificación para ejercer influencia en asuntos de conciencia yace en el servicio al bien de la humanidad. En este momento, el más decisivo en la historia de la civilización, las exigencias de tal servicio no pueden ser mas claras. Inalcanzables así reza el encarecimiento de Bahá'u'lláh hasta que su unidad este firmemente establecida.

Así pues, es evidente si la religión ha de hacer frente a los múltiples desafíos que la apremian, ella misma debe estar limpia de ignorancia, prejuicios y animosidades.

Tras abandonar toda tendencia a promover una salvación puramente personal o limitada al grupo, la religión debiera recalcar que el bienestar y la realización espiritual de la persona están estrechamente ligados al progreso de la comunidad mundial entera. Los valores de servicio y compromiso activo con la justicia y la unidad hacen que la religión pueda convertirse en una fuerza enormemente positiva en cuestiones de desarrollo social.

El sistema administrativo Bahá'í provee los medios para la consecución de las enseñanzas bahá'ís y para la abolición de todos los prejuicios, ya sean estos basados en raza, religión, clase social, nacionalidad o sexo y está orientado hacia el establecimiento de un orden mundial, en el cual la contribución de todos es valorada y recibida como la contribución hacia el desarrollo de una civilización mundial.


Texto en: http://www.monografias.com/trabajos48/eliminacion-prejuicios/eliminacion-prejuicios2.shtml

REF.: BAHÁ'ÍS DE BARCELONA

2 comentarios:

  1. Muchas Felicitaciones Jheniefeer muy buen blog y con mucha información interesantisima.
    saludos,
    Blas

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  2. Gracias a ti, Blas, por el apoyo! Qué detallazo que escribas! :)

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